viernes, 11 de septiembre de 2015

Androcles y el león

De chica me encantaban las Fábulas de Esopo que aparecían en los tomos de El tesoro de la juventud, una enciclopedia hermosa que había en mi casa.

Hoy recordé una de esas fábulas, y la busqué en Google. Aparecieron muchas versiones y ahora quiero compartir aquí una en español que parece escrita por el león... (pobre león). Una muy mala traducción, evidentemente. 

“Un esclavo llamado Androcles una vez se escapó de su amo y huyó a la selva. Como él vagaba sobre él vino sobre un León acostado gimiendo y gimiendo. Al principio se volvió para huir, pero encontrar que el León no lo persiguió, volvió y se acercó a él. Como él se acercó, León sacó su pata, que era todo hinchado y sangrado, y Androcles encontró que una enorme espina tenía en él y estaba causando el dolor. Se sacó la espina y vinculada a la pata del León, que pronto fue capaz de levantarse y lamer la mano de Androcles como un perro.
Entonces el León tomó Androcles a su cueva y solía llevarlo carne de que vivir todos los días. Pero poco después fueron capturados tanto Androcles y el León, y el esclavo fue condenado a ser arrojados al León, después de que este último había mantenido sin alimento durante varios días. El emperador y toda su corte vinieron a ver el espectáculo, y Androcles fue conducido hacia fuera en el centro de la arena. Pronto el León dejó sueltos de su guarida y apurado delimitador y rugir hacia su víctima. Pero tan pronto como llegó cerca de Androcles reconoció a su amigo y zalamerías con él y lamió las manos como a un perro amigable. El emperador, sorprendido por esto, convocó a Androcles, al que le contó toda la historia. Con lo cual el esclavo fue indultado y liberado, y el León deja suelto a su bosque nativo.”

Una mejor versión (o al menos, sin errores) podría ser:

“Un esclavo llamado Androcles escapó una vez de su amo y huyó a la selva. Mientras vagaba, vio a un león recostado que gemía sin cesar. Comenzó a huir, pero al ver que el león no lo perseguía, volvió y se acercó a él. Al hacerlo, el animal le mostró su pata, toda hinchada y sangrante, y Androcles vio que era una enorme espina lo que le causaba dolor. Se la quitó, y pronto el león pudo levantarse y lamió la mano del esclavo como un perro.

Entonces el león condujo a Androcles a su cueva, y le llevaba carne para comer todos los días. Poco después los capturaron a ambos, y condenaron al esclavo a ser arrojado al león, al que no habían alimentado durante días. El emperador y toda su corte asistieron al espectáculo. Condujeron a Androcles al centro del estadio y el león salió de su guarida con prisa y rugiendo a su víctima. Pero cuando estuvo cerca del joven, lo reconoció y se alegró de verlo, y lamió sus manos como un perro amistoso. El emperador, sorprendido por la escena, llamó al esclavo a su presencia y él le contó toda la historia. Con eso logró el indulto y fue liberado, y también dejaron suelto al león en su bosque nativo”.

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